Coberturas

Aquelarre en JJ Circuito Cultural

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La noche del sábado nos reunió en torno a tres proyectos musicales poderosos: la virtud de Chipi-Chipi; el abrazo de Sobreviento y la potencia de Más que Uno en el Centro cultural más bello del Abasto, JJ Circuito Cultural.

Cuando me senté a escribir esta crónica, tuve que volver sobre mis sensaciones una y otra vez porque no quise caer en la trampa fácil de poner palabras que no estén a la altura de lo que se vivió en esta fecha. Tuve que volver al calor de la felicidad compartida y también al frío de la tristeza, como si un río me atravesara y de ese modo las palabras me brotaron con la correntada profunda, sin orillas para salir. Pensé mucho el título hasta percatarme de que no se trataba de pensar, sino justamente de sentir. La noche de JJ significó un aquelarre porque nos sorprendió en reunión para sanar, nos hizo mirarnos entre todes y en ese intercambio, transformamos las energías entre abrazos, lágrimas, aullidos y canciones.

La encargada de abrir la noche fue Chipi-Chipi con su destreza impresionante y una banda que acompaña con potencia. En el despliegue de las canciones que tocó, supieron crear un clima que obnubilaba, sus solos de guitarra están plagados de virtud y belleza, con un toque fino que dejaba atónito al público. Entre las canciones que presentó estaban: “Nuestra casa”, “De los días”, “Deja”, “Apareces”, “Vas a venir” y una muy intensa versión de “Sad Melody”, y su repertorio además contó con la participación de Ignacia Etcheverry. Cuando la artista se entregaba a las cuerdas, el disfrute era notable entre les presentes y era imposible dejar de mirarla en ese trance sideral que fundían a Chipi y su guitarra en una sola pieza musical brillante. Dejó paso a la banda siguiente con un clima más que cálido.

Luego fue el turno de Sobreviento, trayendo Floresta con sus canciones de luz de sol y abrazos interminables. Había una energía particular en elles, la intención de celebrar la música con amigues se notó en les invitades que cantaron a su lado, ayudando a transitar el dolor de una perdida tan cercana a su afecto: transformar la tristeza en amor y resistencia fue la apuesta desde que pisaron el escenario. Antes de las canciones, Flor encaró una lectura que develó el nudo en las gargantas: “sin el esfuerzo de revisar lo doloroso, no hay identidad” y nos atrapó el remanso de emociones, haciéndonos temblar como luna en el agua.

Recorrieron las canciones de su reciente disco: “Tiempo roto”, “Barro”, “El abrazo”, y entre la corriente intensa, sumaron una canción que está naciendo, abrazados a Facundo Rini y Moly, que acompañaron la versión y el dolor. Siguieron con “Gorrión”, “En los charcos”, la canción que da nombre a la placa, “Floresta” y antes de despedirse, sonó “La voz” junto a Citizen Galo y Nacho Castillo, y todes acompañamos: “que no nos callen la voz, que no me alejen de vos”. La despedida fue con el ritual al que nos invitan en cada show: “Cuando la distancia” en versión fogonera, entre el público. La conexión fue poderosa y el abrazo en forma de aplauso fue total. Y es intercambio digno ya que elles con Floresta nos han dado el placer de transitar el rincón feliz que nos conecta con el sentir más hondo.

El cierre de la noche estuvo a cargo de Más que uno y se anticipaban nuevos fuegos porque la reunión de brujas sobre el escenario no iba a faltar. Supieron combinar canciones de su último disco con las de la placa anterior: “Tu ficción”, “Si me canso de callar”, “No soy parte”, “De nuevo por acá”, “Soltarnos”, “Mártir” y “Tu caminar”. Un bloque poderoso en el que se les vio siendo cómplices y disfrutando cada canción como si fuera la primera vez que la tocaban. Nunca falta el detalle de Fitu arengando a Larro con el sonido de su bajo y se produce ese encuentro explosivo de ambas en el medio del escenario mientras Bruno mantiene el ritmo con tremenda potencia.

Continuaron en crescendo, porque tocaron el estreno “Se destapó”, luego el medley “Hollaback girl/Paren de matarnos/Ni una menos” que nos sacudió los huesos y empezaban los saltos…

¿Cómo contar lo que sigue? Voy a hacer el intento porque se fundieron varias neuronas allí: Se subieron al escenario Chipi-Chipi, Lulú Hojman, Agos del Greco y Johanna Sciar para interpretar junto a Fitu y Larro (Bruno cedió su batería a Agos) una versión súper rockera y explosiva de “Fighter” (Christina Aguilera) con un solo de Chipi que nos disparó directo en la emoción y quedó claro una vez más, que la voz de las mujeres en el rock es revolucionaria y está dispuesta a darse el lugar que históricamente le silenciaron: el rock es de las pibas. Estas cinco luchadoras lo dejaron en evidencia con el incendio que provocaron sobre el escenario. Así de encendidas, sin bajar la energía, todas nos reunimos en círculo para entonar “Arder” con la potencia de la voz colectiva que sostiene nuestras luchas. El aquelarre y su transformación se desplegaron porque los dolores son múltiples pero el calor del encuentro siempre es más.

El final nos encontró saltando, poniéndole el cuerpo a ese pogo del bien entre mujeres, cantando a los gritos mientras la banda hacía sonar “Polaridad”, haciendo temblar la ideas y “Reinventarse” escuchando las marcas de la piel. Se despidieron con el agradecimiento eterno al resto de les artistas y a JJ Circuito Cultural, lugar perfecto para que prolifere el arte.

Ahora bien, encarar la tarea de escritura de esta crónica implicó, más allá de las listas de canciones y les artistas participantes, despojarme de todo lo que hasta ese día había pensado escribir. Tuve que alejarme de la ciudad, volver al río, al silencio, al sol en la cara y al viento helado en los huesos. Transitar, sentir y develar nuevos sentidos en las palabras. Desde lo personal, sostengo que nuestra existencia vibra música, nuestra respiración y nuestros latidos tienen tiempo y como tan bien lo dijo Gabriel Destéfano, “el arte que no es en pos de entregar lo más preciado de nosotres hacia alguien en un futuro incierto, bobea”. La música tiene la misión de curar y andamos llenxs de dolores por la sociedad mezquina, la muerte y tantas otras lanzas en los costados que el sábado el ritual se dió y nos reunimos para sanar colectivamente en el rincón más amoroso de la ciudad: JJ Circuito Cultural.

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