Coberturas

Crear la dimensión, un sueño en estéreo: Todo aparenta normal en Teatro Vorterix.

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El sábado 05 de octubre el grupo de Don Torcuato festejó sus diez años musicales en una sala explotada de gente y emociones.

Hace un tiempo, cuando estudiaba Literatura, tuve una interpelación que me cambió radicalmente el modo de sentir el mundo. Estaba en una clase de poesía y la docente a cargo nos pidió que diéramos una explicación de un poema de Alejandra Pizarnik que versa lo siguiente:

*”La rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos”

Frente a un largo silencio de toda la clase con los ojos perplejos frente a los versos, la profesora intervino al fin: “no todo tiene que explicarse, el arte es el impacto, la experiencia, la belleza, el ardor, lo que sacude el cuerpo y nos deja inmóvil frente al razonamiento lógico”. A partir de esa clase, no pretendo explicar el arte.

Tuve que volver sobre mis pasos para encontrar las palabras justas que describan la experiencia que fue el recital de Todo Aparenta Normal; despojé el lenguaje de todo raciocinio explicativo y le dí lugar a otro plano expresivo, más vinculado a ese resonar que quedó latiendo en la piel y en los ojos; sin perder nunca el eje fundamental: durante diez años este grupo se dedicó a trabajar y a ponerle el cuerpo al arte con una idea clara y distinta, “anormal”, virtuoso proyecto que hoy cosecha los frutos de ese compromiso.

El tiempo se detuvo y comenzó a inundarnos la magia cuando los cuatro músicos salieron al escenario y las proyecciones poblaron la escena. Lumínicos, enérgicos y dispuestos a dejar todo en cada versión de una lista que fue armada para que se nos despierten las venas, para sentir el pecho latiendo, para cerrar los ojos y viajar profundo y lejos, con lágrimas a veces. Parecía un plano paralelo, casi de sueño, porque las figuras oníricas no paraban de aparecer entre luces y telas.

Sabíamos de anticipado que había invitados dispuestos a celebrar también. El primero es subir al escenario fue Juan Pablo Vitali, interviniendo con sus teclas en “Sobre la cicatriz” y “Jinete”. Fue un disfrute total y empezó la montaña rusa emocional…

¿Cómo disimular el temblor cuando la sala se bañó en luz roja y simuló el efecto de persiana americana sobre el cuerpo de los músicos, mientras tocaban el estribillo de “Al oscuro”? Ahí hablaron los huesos.

Y continuó en crescendo la emoción porque siguió “Como un faro” y fuimos habitados por un sinfín de sensaciones que nos disparaban sintiendo que a veces, el cuerpo no alcanza para sentir todo a la vez. Entre abrazos, puños en alto, pieles erizadas y lágrimas en los ojos apretados, le hacíamos de coro a Nico Alfieri: y que sea lo que sea, pero en nuestra ley y ninguna más, para dar paso a un solo de guitarra descomunal que nos sacudió los males. Todo arte que no es en pos de sanar, de curar las heridas fundamentales, bobea.

Además, se dieron el gusto de hacer unas sensibles versiones tipo fogón de “Al intentar destruir” junto a Panter (De la gran piñata); “Juego de miradas” con Ana Margarita en cello y por último, una versión preciosa de “Leticia” que cantamos todes juntes, vibrando en sintonía.

Y sin dar tiempo para respirar y ordenar un poco ese estado obnubilado, empezó un bloque con una energía totalmente diferente que abarcó “mi mejor canción”, la reciente y poderosa “vivir los colores” (con ese estribillo tan poético que ay… te cura el dolor) y finalmente viajamos a “Traful” cantando a la par, como pasó con cada canción, y en cada tiempo de silencio, les entonamos un que los cumplas feliz… y las sonrisas florecían, porque esa felicidad fue tan real, porque era compartida, justamente.

La curva final del show nos iba a encontrar completamente elevades; sonaron “Buenos Aires”; una versión muy intensa de “Porno Rock” junto a Baltasar Comotto que nos traspasó los sentidos con un solo de guitarra virtuoso al extremo y así, sin respirar, apareció Lula Bertoldi con toda su preciosa intensidad para cantar “Agazapado” mientras daba saltos tremendos, y el público estallaba. La lista terminaba con “Calendario” y la canción con la que tantos nos enamoramos de Todo Aparenta Normal: “La dicha de los cobardes” y así terminamos, cantando desaforadxs que somos sentimiento y que los que piensan queden detrás.

Estaba claro que la gente no los iba a dejar irse tan fácil, era un festejo y claro, ¿Quién no quiere saludar a quién cumple años? Después de la hermosa canción final, los cuatro músicos se reunieron en el centro del escenario para recibir la ovación de un teatro Vorterix colmado, y como la gente no se movía ni dejaba de aplaudir, bajaron ellos del escenario y recorrieron el vallado para recibir los abrazos, el afecto y las manos hirvientes de quiénes vibramos a su lado durante dos horas. Nico Alfieri terminó saltando en el medio de la sala con un grupo enorme de personas que lo elevaron y lo llevaron con sus brazos de vuelta al escenario.

Diez años de tener la idea clara y distinta de no ser la norma, de poner trabajo, corazón y estudio en un proyecto artístico genuino, de hacer música conectada al sentir más visceral. Ponerle el cuerpo a tamaño desafío no puede haber sido fácil (hay que estar dispuestos a jugar); pero estos gurises son corajudos y se comprometieron durante todo este tiempo para estar a la altura en cada paso que los vio crecer. ¿Cómo no festejar que ese sentido primario se desplegó y hoy es significado en tantas personas? ¡Que otros sean lo normal! ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, TODO APARENTA!

Fotografías: Rosa Floyd

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Sobre el Autor

Florencia Gómez Gariboglio

Fotógrafa en proyecto, cronista, escritora, femininja y loca de la lengua y la literatura. ¡Que sea siempre con cerveza fría!