Coberturas

Del realismo mágico y sus artes: Sig Ragga en C. C. Konex.

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

El sábado por la noche, con intensa luna llena iluminando el firmamento casi como presagio de la belleza que se iba a desplegar, la banda Santafesina se presentó en el Konex, para poner en acción su más reciente trabajo: Relatos de la luna.

Gabriel García Márquez contó hace muchos años en una entrevista que su estadía en México le había permitido conocer los frijoles mágicos: pequeñas legumbres coloridas que comenzaban a temblar con la energía de quien se les acercara. Es una de las tantas anécdotas que le dieron la posibilidad de afirmar que en Latinoamérica la realidad es mágica; sólo es cuestión de ajustar la mirada.

Todo este preámbulo de Gabo me ayuda a mí, ahora, para sostener que la presentación de Sig Ragga tiene raíces en esto que llamamos realismo mágico. Para quienes sean público habitual de la banda, esto no debe leerse como algo muy novedoso a decir verdad; pero yo los experimentaba por primera vez (haciendo el mea culpa correspondiente porque se me escaparon del radio litoraleño) y me sentí en Macondo *.

A las 21:30 inició el show y desde los primeros instantes sentí en el cuerpo las vibraciones, un despertar sensorial que me llevaba a paisajes de agua mojando la tierra en sus bordes; percibí las orillas (o fusiones) con la música milenaria de nuestros orígenes combinados con lo afro: musicalidades que nos hermanan con otras geografías, cercanas y lejanas. En su música hay un viaje latinoamericano con todos los paisajes y eso estalla en el cuerpo del espectador; en ese trance comienza el baile tribal porque es imposible permanecer inmóvil frente a la belleza.

En una sala que agotó su capacidad nos encontramos para esperar la magia y allí sucedió: éramos tantos extasiados en el vaivén del ritmo, con el antiguo don de dejarnos fluir, mientras los músicos presentaban las canciones que integran “Relatos de la luna” y también un recorrido virtuoso por su discografía.

Cuesta ponerle palabras a cada manifestación del cuerpo en pleno recital; pero me atrevo: Sig Ragga despierta el pensamiento, moviliza el cuerpo y logra que el pecho vibre de emoción. Quizás el nudo más tremendo fue la sensible versión de “Chaplin” con la que cerraron su presentación. Nos empaparon el alma.

Fuimos fuego que calienta el cuero; agua que sacia la sed; tierra que nos hace crecer; y aire que limpia: cuatro elementos que se combinan para habitar en la naturaleza. Fueron cuatro músicos que nos habitaron, haciéndonos vibrar cual frijoles mexicanos, para que se concrete esto que Gabo nombró como realismo mágico y yo humildemente tomo para ponerle palabras a lo inefable.

[*Macondo: ciudad en la transcurre la historia de la familia Buendía, protagonistas de la novela “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.]

Fotografía de Meli Battilana.

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.

Sobre el Autor

Florencia Gómez Gariboglio

Fotógrafa en proyecto, cronista, escritora, femininja y loca de la lengua y la literatura. ¡Que sea siempre con cerveza fría!