Coberturas

“Encendieron los candiles” Cinema Verité en Club Lucille.

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El viernes por la noche se presentaron dos proyectos muy interesantes que se encargan de honrar la obra de Serú Girán y Gustavo Cerati: Cinema Verité y Los Ceratos, frente a una sala colmada en el barrio de Palermo.

La música como fiera indomable de naturaleza etérea, nos habita desde múltiples planos. A veces desde la novedad actual y otras veces nos lleva a rincones del pasado en los que nos sentimos más felices y cobijadxs por su mensaje. No se trata de caer en la trampa nostálgica de un pasado que fue y ya no es, apego inútil, sino de una tarea más profunda de revisitar los mensajes que nos han marcado a fuego la sensibilidad. Este invierno de crudeza neoliberal nos clava una lanza diferente en el costado cada día y todo se puede volver oscuro y frío, como en el pasado reciente que aún duele, por eso es importante mantener ciertos candiles encendidos.

La apertura de la noche estuvo a cargo de Los Ceratos, banda tributo a la música de Gustavo Cerati. Recorrieron sus grandes éxitos, sumando canciones desde la etapa de Soda Stereo y su prolífica carrera solista. Sonaron contundentes, con gran actitud sobre el escenario. Resulta hermoso ver cómo su obra sigue despertando almas, ya que el público acompañó con fervor cada interpretación.

A continuación, empezó a gestarse un clima muy particular, una emoción a flor de piel que tuvo su primer impacto cuando los cuatro integrantes de Cinema Verité salieron a escena y comenzó el viaje, cual Alicia, a otro tiempo y otro espacio en el que Serú Girán nos calentaba los huesos con su música. Lejos de percibirse un clima melancólico, el público se lanzó a disfrutar de la extensa lista que estos cuatro fantásticos (en el sentido más literario de la palabra) nos tenían preparada. Fueron dos etapas, la primera era el disco completo La grasa de las capitales, luego un intervalo de diez minutos y la segunda, las canciones que no pueden faltar.

Desde el inicio la gente los acompañó, luego de “Peperina” y “Yo no quiero volverme tan loco” la sala completa cantó cual coro la introducción de la canción que da nombre al disco y se nos empañaron los ojos por la actualidad del mensaje: “¿Qué importan ya tus ideales? ¿Qué importa tu canción? La grasa de las capitales cubre tu corazón.” La frase deja ver una vigencia intacta en esta sociedad gobernada por la imagen y las redes sociales, realidad plástica y falsa si las hay.

El despliegue musical fue realmente impresionante en los cuatro intérpretes, cada uno desde su lugar se destacaba sin opacar a ninguno, crecían a medida que llevaban adelante el show y nosotrxs nos deleitábamos tomando el en el país de las maravillas.

Seré más precisa, Emilio Citro guarda tanto respeto por la figura de Charly García, que cuando lo ejecuta parece que algo brota desde su interior que lo hace gesticular de idénticos modos hasta para acomodarse el micrófono, sin falla alguna. Si cierro los ojos y sólo me dejo llevar por la percepción de los sonidos, siento que estoy escuchando realmente a Charly en piano y sintetizador; Dante Suárez toca la guitarra cual niño curioso descubriendo un juguete y en ese juego en el que deviene David Lebón, deja en claro que está a la altura con los solos prolongados que crecen hasta estallar, esos momentos tan ajenos a la música actual y que tanto extrañamos; Jeremías Goñi se muestra tan feliz tocando piezas de una complejidad indescriptible que hace que parezca simple tocar como otrora lo hizo Pedro Aznar, ese sonido de bajo fretless que tanta identidad le dio a Serú brilló. Y por último, la batería, alma y motor del resto de los instrumentos con el recuerdo de Oscar Moro en la piel, porque justo esta semana que pasó se celebró el día de lxs bateristas en su honor, nuestro Bonzo nacional, encargado del ritmo y la potencia de la banda con la formación más virtuosa de la historia del rock argentino. En esa clave, Puchi Dei tiene la destreza que requiere homenajearlo, cual digno sucesor tocó con potencia y exactitud de reloj el tremendo listado, dejándonos sin aire y perplejxs con los cambios de ritmo furiosos.

La verdad es que podrían llenarse hojas y hojas de halagos reiterados respecto de estos cuatro muchachos que nos hicieron viajar en el tiempo para mostrarnos lo que hay del otro lado del espejo, nos siguen iluminando el camino que los brujos actuales nublan, sanan las heridas a fuerza de arte y percepciones que disparan los sentidos, impactan con precisión y allí, nos curan.

Presenciar un show de estas características nos hace ver que la memoria siempre resiste a los intentos nefastos de callarla, los candiles vencen la oscuridad y en este trance pasado-presente, el público y quien les relata, permanecimos obnubiladxs, lejos de la nostalgia y cerca del recuerdo amoroso sobre la obra de Serú Girán.

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Sobre el Autor

Florencia Gómez Gariboglio

Fotógrafa en proyecto, cronista, escritora, femininja y loca de la lengua y la literatura. ¡Que sea siempre con cerveza fría!