Coberturas

“NOCHE DE ECLIPSE. ¡DISFRUTEMOS!”: Todo aparenta normal y Octafonic en Vorterix.

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La noche lluviosa del viernes presagió un cambio de energías a partir del fenómeno lunar. No fue casual que este 27 de julio las dos bandas hayan chocado sus planetas en el teatro de Colegiales, acompañados de un marco ideal.

Eran casi las 21:00 cuando las luces se apagaron, se abrió el telón y comenzó la “Epifanía”. Los cuatro integrantes de Todo Aparenta Normal permanecían concentrados en el fluir de la apertura que se unió a la “Canción del Desaprendiz”, acompañados por un público que se hizo notar. Era una noche de luna especial, como bien recordó Nicolás Alfieri –guitarra y voz, y no podía faltar “Aquelarre”, cuya sensible versión contó con la voz de los espectadores. Siguió “Jinete”, entre suspiros y sonrisas de la gente que no quiere desesperar los viernes, en la furiosa ciudad. Dejaron el pie perfecto a partir de “Equinoccio” para que inicie el riff de “Porno rock”, y así dieron rienda suelta a la potencia de las guitarras hasta encontrarse en el centro del escenario Luca Albano –guitarra y coros y Alexis Koleff –bajo y coros arrodillados junto al cantante, fundidos en un solo que provocó que se eleven los celulares del auditorio para registrar el momento, mientras Juan Pablo Alfieri –bateria y coros mantenía el ritmo poderoso en la batería. La euforia había iniciado su recorrido.

Los de Don Torcuato abrieron un bloque íntimo y emocionante, teñidos por luces azules-turquesas: desplegaron toda su constelación al tocar “Como un faro”, mientras músicos y público cerraban los ojos cantando desde las entrañas por su propia ley. La luna celeste que se proyectaba en la pantalla de fondo se transformó en roja mientras explotaba el solo de guitarra, y se produjo el eclipse dentro del teatro, concentrando todas sensaciones que afloraron con la sensible canción. Se alinearon los planetas, empezó el viaje a “Traful” y brotaron los erizos en la piel. Un mar de manos extendidas seguía el ritmo de la pieza hasta el final. Los músicos contemplaron obnubilados al público, cantando emocionado las últimas líneas, como un coro de mil voces que en realidad son una sola, contundente y poderosa.

Vamos a dejar todo” dijo Nicolás mientras Juan Pablo se puso de pie, como ya es costumbre, para la arenga mientras tocaba la introducción de “Detener el tiempo” y el coro de los espectadores continuó siendo protagonista. Luego vino “Romper un misterio”, con saltos enérgicos y encendidos, que no vieron el fin cuando comenzó a sonar “Agazapado”. El movimiento creció y sacudió los cuerpos cual marea a medianoche; “Calendario” sostuvo la energía elevada, al tiempo que volaron sonoridades como el anticipo de un final lleno de emoción. Y así fue: Nicolás manifestó que no son indiferentes a lo difícil que es en estos momentos ir a ver bandas. Alentó seguir haciéndolo por su importancia: “Si quieren la música, la tienen que defendery luego enunció un profundo “Gracias” antes de que sonara “La dicha de los cobardes”, canción que finalizó el ritual con saltos, gritos y sonrisas interminables. Todo aparenta normal se paró en el borde del escenario para celebrar juntos la canción que se ha convertido en bandera, demostrando que el corazón le escapó al cuerpo y expandió el sentimiento en este camino musical.

Cuando está oscuro, todo empieza a ser más claro en esta constelación.

En la sala sonaba música clásica, hasta que las luces se apagaron y el telón se abrió nuevamente. Con el escenario aún en penumbras e inundado por humo, empezaron a salir de a poco, los músicos que construyen esta orquesta multi-estilos llamada Octafonic. Sonaba “Welcome to life” y se iban ordenando posiciones y sonidos. Para esta presentación, se sumaron Sebastián Greschuk -trompeta- y Juan Canosa –trombón- a los saxos barítono y tenor de Francisco Huici y Leo Paganini, conformando un plantel de vientos tremendo.

Los movimientos eléctricos comenzaron con “Plastic”, desatando la cólera de los músicos que se trasladó por los rincones del teatro en forma de coros y aplausos. Los bailes robóticos de Nicolás Sorín –voz y sintetizador y Leo Costa –sintetizador, son acompañados por los arpegios en las manos de Hernán Rupolo –guitarra y los gestos de seguridad de Alan Fritzler -bajo. Siguió “God”, con persistencia enérgica, acompañando el momento preciso en que Nicolás se arrodilló y exigió en una plegaria nítida la separación entre iglesia y estado. Luego de una introducción de sintetizadores, comenzó a sonar “Love” y el clima cambió hacia zonas más oscuras que desembocó en algunos músicos sentados en la base de la batería y otros, arrodillados. Ese cambio radical dejó la escena perfecta para la balada que arrastra con su espiral ascendente: sonó “Rain”, mientras la pantalla de fondo goteaba en tonos grises y la potencia crecía en el torbellino musical.

Se anticipaba un aluvión de explosiones cuando Nicolás y Leo comenzaron a jugar con sonidos extraños en una suerte de payada de contrapunto virtual que funcionó como interludio hasta que inició “Physical”, y Octafonic reloaded brilló en el despliegue, mientras la gente participaba intensamente. Alan abre la línea de “Mistifyng” mientras sus compañeros lo siguen, dando cuenta del trabajo de orquesta tan particular que realiza esta banda, sumando las virtudes que configuran el todo para que las sinfonías cierren perfectas.

Lejos de amainar, la potencia siguió en crescendo cuando comenzó “Sativa” y el descontrol inundó la escena: en el momento en que la canción estallaba y los músicos también, Nicolás dio unos saltos altísimos sobre las tablas y se permitió ofrecerle el micrófono a Lula Bertoldi (que estaba presente al costado del escenario). Continuaron con tonalidades anaranjadas tiñendo la escena y el público celebró ver manos exponiendo distintas mudras, mientras aparecía la perfecta flor de loto, integrada por Alan, Leo y el Tano Bonadío –percusión y coros-. “Mini Buda” sonó cuasi violenta con Nathan Lane como invitado, rapeando virulento junto a Nicolás mientras el Tano recorría el escenario vociferando furioso. Podrían haber bajado un poco la intensidad, pero no. Octafonic lleva a límites demenciales sus versiones en cada recital.

Así, empezó a sonar “Monster” con el coro del público y se desató la locura otra vez con un solo de guitarra que parecía electrificar las manos de Hernán, quien se sacudía eufórico mientras sus dedos volaban veloces sobre el mástil del instrumento. Luego, el protagonista de la escena fue Ezequiel ‘Chino’ Piazza –bateria-, cuyo solo tuvo la tremenda combinación de fuerza y rapidez, creando así nuevos pulsos en el tiempo. Además, fue muy emotivo ver en el centro del bombo al pañuelo de la Campaña Nacional por el Aborto legal, seguro y gratuito, latiendo bajo el ritmo del Chino, en claro apoyo a las mujeres que luchan por sus derechos. Al finalizar el solo, volvieron al escenario el resto de los músicos, Nathan se suma a los vientos para realizar el típico juego sinfónico en el que los sonidos se encienden y se apagan bajo la dirección orquestal de Nicolás.

Ya se anticipaba el principio del fin con “Over” y “What”, en compañía del rap gringo por momentos, mientras el público sigue el libre fervor que se desparrama sobre el escenario en los gestos metaleros de Hernán, secundado por Alan hasta que Leo y el Tano lo alzan sobre los hombros, y aparece por un costado Nicolás Alfieri para tocar la guitarra de Rupolo, teniendo como desenlace un choque entre Leo y Sorín, que terminan tirados en el suelo, entre risas. Finalmente, salen el resto de los integrantes de Todo Aparenta Normal para interpretar el cover “Hey Bulldog” (The Beatles), que usaron para promocionar la fecha. Había quince músicos en escena, entre risas, saltos, abrazos y complicidad como broche de oro a un show excelente. Al finalizar la canción, formaron una extensa hilera para saludar al público que los aplaudía alucinado y el telón se cerró luego de la fotografía final.

Pero no todo terminó allí, faltaba un mensaje más: Leo y Hernán abrieron el telón y salieron para tirar, desde el borde del escenario, aviones de papel hacia los espectadores que se desesperaban por atrapar uno. ¿Cuál era el contenido de los pliegues voladores? La invitación a la marcha por el aniversario de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. El arte ha sido siempre vanguardia en las transformaciones más profundas de la sociedad, por ello es digno celebrar a los artistas que piensan, se comprometen y actúan en los tiempos urgentes.

Dos constelaciones muy diferentes brillaron sobre el escenario de Vorterix, creando una dimensión paralela para los presentes. Todo Aparenta Normal y Octafonic dieron una dosis que hizo levitar al público sin pausa, y lo que parece oscuro en los tiempos que corren, se volvió claro gracias al vuelo musical. El aquelarre, en pleno eclipse lunar, sembró sus poderes.

Crónica por: Florencia Gómez Gariboglio

Fotografías por: Camila Laiun

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Sobre el Autor

Florencia Gómez Gariboglio

Fotógrafa en proyecto, cronista, escritora, femininja y loca de la lengua y la literatura. ¡Que sea siempre con cerveza fría!